Senderos de Aoiz - Muga de Erdozain
Recorrido: Aoiz - Muga Erdozain - Olaberrizokoa - Palomeras - Ollarán - Peña San Lorenzo - Angiluerreka - Aoiz
Autor: Aquerreta Reta, Javier
14/11/2007
21/03/2026
Método de Información de Excursiones
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
Los Senderos balizados de Angiluerreka: Por la Muga de Erdozain
Junto con las otras rutas balizadas por Angiluerreka y publicadas en esta web — la ascensión a la Peña Santa Bárbara, el cordal hasta la Peña Zarikieta, el Despoblado de Rala y la Ermita de San Román, todos ellos en la Sierra de Zarikieta— en esta ocasión cambiamos de escenario. Dejamos al otro lado de la localidad la silueta de la Sierra para descubrir la vertiente occidental de la Villa, adentrándonos en ese terreno más amable y cercano que dibuja la muga con Erdozain, Olaberri e Itoiz.
Con el tiempo, este sendero se ha convertido en el más popular de la zona —algo que se nota a simple vista por lo pisado que está el terreno— y las razones son claras: su cercanía, la ausencia de pasos complicados y la flexibilidad que ofrece para recortar tramos según las ganas o las fuerzas. Es esa ruta polivalente que lo mismo sirve para un entrenamiento rápido de carrera de montaña, que para disfrutar de una mañana tranquila con los más pequeños de la casa.
Aunque se trata de un trazado menos pretencioso y espectacular que los otros, su sencillez es precisamente su mayor virtud. La ruta sigue fielmente la muga de Erdozain hasta alcanzar el alto de Ollarán. Es en este punto donde el camino nos regala su mayor secreto: una panorámica del embalse de Itoiz absolutamente privilegiada y difícil de contemplar desde otros lugares. Para completar la jornada, el descenso se realiza bordeando el Barranco de San Lorenzo o Angiluerreka, un entorno que nos conduce directamente hasta el inicio del Canal de Navarra, justo en su salida del embalse. En definitiva, una ruta asequible, auténtica y perfecta para compartir en familia.
Ruta paso a paso
Punto de partida: Aoiz / Agoitz
Nuestra ruta comienza en el corazón de la localidad. En el parking situado entre la iglesia y el parque, encontraremos un cartel explicativo que detalla los diferentes senderos balizados que recorren nuestro entorno.
Es el punto de reunión habitual y el lugar ideal para orientarnos antes de echar a andar.
Desde este panel informativo parten las rutas que se adentran en la Sierra de Zarikieta (como la Peña Santa Bárbara o el Despoblado de Rala), pero hoy nuestra mirada se dirige hacia el lado opuesto.
Desde el panel informativo del parking, nuestro camino nos obliga a mirar hacia el oeste, buscando la salida natural del pueblo en la dirección opuesta a la Sierra de Zarikieta. Para ello, cruzamos la carretera y nos adentramos en el casco antiguo a través de la calle de Arriba, que se abre paso justo entre el Palacio de Argamasilla y la oficina de correos.
Sin duda, estamos ante una de las arterias con mayor interés arquitectónico de la Villa. Es un placer recorrerla sin prisa, comenzando por la imponente presencia del Palacio y avanzando entre fachadas con historia hasta alcanzar la antigua bodega de Zabalza, hoy rehabilitada y convertida en el centro cultural del pueblo.
Al final de la calle de Arriba, el trazado desemboca en la calle de Las Eras, la cual seguiremos girando a la derecha. Este camino nos conduce directamente hasta la plaza de la Casa de Cultura.
Es un lugar con un significado especial y un pasado denso: se asienta sobre el terreno donde antiguamente se ubicaban las eras de trillar de la Villa, pero también donde se levantaban el antiguo juzgado y la cárcel.
Es curioso pensar que, en este espacio donde hoy disfrutamos de la cultura y el ocio, antaño convivían las duras tareas de la cosecha con los ecos de la justicia y el encierro, marcando el límite histórico entre el pueblo y el campo que estamos a punto de explorar.
Continuamos nuestro camino hacia la izquierda hasta encontrarnos con la Fuente Grande o de las Eras.
Tras contemplar la Fuente Grande o de las Eras —testigo mudo de la vida de la Villa desde 1801, con su elegante fuste neoclásico y la heráldica agoisca que celebra la traída de aguas en tiempos de Carlos IV— es momento de cambiar el rumbo. Desde la Fuente Grande, giramos a la derecha para incorporarnos al trazado de la EuroVelo. Tomamos dirección noroeste, una orientación que nos servirá de guía clara para abandonar definitivamente las últimas casas del casco urbano de la Villa. Nuestro objetivo ahora es ir al encuentro del inicio del Canal de Navarra. Es un tramo de transición agradable donde el paisaje empieza a abrirse, anticipando la llegada a esa zona donde el agua del embalse comienza su largo recorrido por las tierras navarras.
Dejamos atrás las últimas casas de la urbanización y, con ellas, el rumor de la Villa. Nuestro paso nos lleva ahora por el trazado del antiguo camino que conducía hasta el nacedero que, durante siglos, abasteció a la Fuente Grande: La Madre de la Fuente.
Es un tramo cargado de simbolismo, aunque hoy ese manantial original haya desaparecido bajo las imponentes estructuras del Canal de Navarra. Nuestro objetivo es ir al encuentro del inicio de esta gran infraestructura, en un punto donde el paisaje comienza a abrirse de par en par ante nosotros, mostrándonos la escala de la obra que ahora domina el terreno donde antes brotaba el agua de forma natural.
Al llegar al nacimiento del Canal de Navarra, la escala de la obra se hace evidente. En este punto, comenzamos a seguir su curso hacia la izquierda, caminando inicialmente por su margen derecha.
El camino nos guía hasta encontrarnos con la carretera, tras cruzarla con precaución, el itinerario cambia al otro lado del canal para continuar ahora por el margen derecho (según el sentido del agua).
Mientras avanzamos por el margen derecho del canal, nuestra vista se desvía inevitablemente hacia la ladera que se alza a nuestra derecha. Allí, a media altura, se recorta la silueta del antiguo depósito de agua, testigo de otros tiempos de abastecimiento.
Para alcanzarlo, abandonamos definitivamente la comodidad del canal y tomamos el camino que nace a nuestra derecha. Este desvío marca el inicio real de la cuesta, el punto donde dejamos atrás la horizontalidad del agua para comenzar a ganar altura recorriendo la falda del cerro de Mirabuenos. Es el primer repecho serio de la jornada, pero también el que nos permite empezar a disfrutar de una perspectiva más elevada sobre el valle.
Poco antes de alcanzar el antiguo depósito, el itinerario nos obliga a tomar la pista de la derecha. desembocando en un pequeño claro que nos sirve de respiro antes del último esfuerzo.
Desde este punto, giramos de nuevo a la derecha para tomar una senda más estrecha. Este sendero, nos sube decididamente hasta alcanzar la cresta. Nos situamos exactamente en la muga entre Aoiz y Erdozain, el cordal que separa ambos términos municipales.
Una vez alcanzado el canto, el terreno nos da un respiro al llanear sobre la divisoria. Giramos a la derecha para tomar la senda que recorre toda la loma. A partir de aquí, avanzamos siguiendo fielmente la línea de muga que separa los términos de Aoiz y Erdozain.
Continuamos avanzando por la senda de la loma hasta alcanzar una pequeña elevación que corona el cordal. Nos encontramos en el término conocido como Mirabuenos, un nombre que hace honor a la panorámica que desde aquí se domina.
En este punto exacto, hallaremos la antigua muga de piedra, un hito histórico que sigue marcando fielmente la división de términos. Es el lugar perfecto para detenerse un instante: a un lado, la amplitud del horizonte con la Sierra de Zarikieta y Axarimendia (La Cañonera) vigilando la Villa de Aoiz; al otro, la calma de los pequeños barrancos que descienden hacia Erdozain. Tras este respiro visual, retomamos la marcha siguiendo la senda que dibuja el perfil de la loma.
Tras dejar atrás el balcón de Mirabuenos y bordear las dos pequeñas elevaciones que jalonan el cordal, el terreno cambia de carácter. Nos situamos ante el borde del pinar de Zabalza, donde el horizonte se cierra momentáneamente para darnos el frescor de la sombra. Continuamos sin perder el claro sendero que, dibujando una línea evidente entre la vegetación, nos lleva descendiendo hacia el paso de Olaberrizokoa.
Al alcanzar el collado de Olaberrizokoa, nos topamos con la historia de las comunicaciones de la comarca. Ante nosotros aparece el antiguo camino que unía Aoiz con Olaberri; es fácil reconocerlo al observar el marcado "cajón" que los siglos de tránsito han tallado en el terreno.
Sin embargo, el presente se hace notar justo bajo nuestros pies. Mientras nosotros pisamos el trazado tradicional, la modernidad atraviesa la roca: por debajo de este punto discurre el túnel de la carretera, cuya boca sur podemos divisar claramente si asomamos la vista hacia la derecha. Es un lugar donde el viejo paso de herradura y el moderno túnel de asfalto coinciden en el mismo eje vertical.
Tras cruzar al otro lado del cajón del camino de Olaberri, la ruta nos desafía con un cambio de pendiente inmediato. Iniciamos una fuerte subida que serpentea bajo el abrigo del pinar. La senda, aunque exigente, se vuelve aquí más recogida y protegida por la vegetación.
Paso a paso, ganamos la altura necesaria para dejar atrás el paso de Olaberrizokoa hasta alcanzar el cordal de San Lorenzo. Al coronar esta nueva divisoria, el esfuerzo se ve recompensado con la recuperación del horizonte.
Desde aquí podemos echar la vista atrás y contemplar todo el recorrido que traemos: el borde del pinar de Zabalza y la traza de la loma de Mirabuenos. Es un tramo de cresterío donde la senda, aunque flanqueada por pinos, nos regala constantes ventanas al valle.
Al coronar el cordal de San Lorenzo, el paisaje se transforma y recuperamos la amplitud del horizonte. Nos encontramos en una zona de paso tradicional, marcada por la presencia de las palomeras que, como vigías, custodian los puntos más altos de la cresta esperando el paso de las aves.
Una vez alcanzado el alto y situados ante la línea de puestos, el itinerario nos marca un cambio de dirección: giramos a la izquierda para seguir fielmente la senda que une las palomeras.
Continuamos siguiendo la línea de las palomeras hasta que el sendero alcanza una pequeña loma. Al coronarla, el terreno se quiebra suavemente y comienza un breve descenso que nos deposita ante unos pequeños cortados, giramos a la derecha, siguiendo la traza que bordea la parte superior de estos cortados.
Al asomarnos a los cortados de la peña, la recompensa, ante nosotros se abre una impresionante panorámica del Embalse de Itoiz, donde el azul profundo del agua contrasta con el verde vibrante de las laderas que lo rodean. Desde este balcón natural de roca, la vista domina la imponente estructura de la presa teniendo como telón de fondo las Sierras de Zarikieta y Artxuba.
Para culminar este recorrido, dejamos el cortado a nuestra derecha e iniciamos un breve pero decidido ascenso por la senda de la izquierda. Este último repecho nos conduce directamente hasta la cima de Ollarán.
Para coronar nuestra jornada, seguimos el sendero principal. En el momento en que la senda alcanza su punto más alto y amaga con comenzar a descender, la abandonamos para realizar el último esfuerzo: ascendemos a nuestra derecha ganando los pocos metros que nos separan de la cumbre. Alcanzamos así la cima de Ollarán (785 m). Se trata de una cumbre modesta y discreta, una pequeña peña cuya máxima cota está señalizada por un cairn de piedras (un sencillo hito montañero). Aunque aquí la vegetación vuelve las vistas algo más reducidas que en los cortados anteriores, la satisfacción es plena: estamos en el punto más alto de toda la ruta, el techo de nuestro recorrido por las mugas de Aoiz.
Aunque las vistas hacia el norte están muy limitadas por la vegetación, que crece con fuerza protegiendo la cima y cerrando el horizonte boscoso, la sensación de aislamiento es gratificante en esten lugar desconocido para muchos, que se presenta ante nosotros con la sencillez de una modesta peña y su discreto cairn de piedras.
El horizonte hacia el sur nos ofrece una perspectiva radicalmente distinta. La vista se vuelve mucho más amplia, permitiéndonos contemplar todo el llano de Liberri y Urroz extendiéndose a nuestros pies. Como telón de fondo, se recortan majestuosas las siluetas de la Peña de Izaga y La Iga (Monreal), dominando el paisaje y dándonos una referencia clara de nuestra posición en el mapa de Navarra.
Una vez disfrutada la calma de la cima y las vistas hacia Izaga, es momento de emprender la vuelta. Volvemos sobre nuestros pasos, abandonando la modesta peña de Ollarán para reencontrar la senda principal.
En este segundo encuentro con el mirador antes de encarar el descenso definitivo que nos llevará de regreso, repasamos con la vista la imponente presa y las siluetas de Zarikieta y Artxuba, guardando en la retina la amplitud de este paisaje prepirenaico.
Tras el desvío a la cima de Ollarán y la segunda despedida visual en el mirador, llegamos de nuevo al punto desde donde nos habíamos desviado a la izquierda, cerramos así el pequeño bucle de la cumbre y recuperamos el trazado principal. Ahora, en lugar de descender por donde vinimos, seguimos de frente por el sendero que nos lleva recorriendo todo el cordal de San Lorenzo.
El terreno se vuelve más cómodo cuando el sendero desemboca en una pista de tierra. Continuamos la marcha por ella, sin embargo, antes de alcanzar el collado de San Lorenzo, conviene agudizar la vista. Si nos desviamos apenas unos metros y dejamos la pista a nuestra izquierda, descubriremos entre la vegetación los pocos restos que quedan de la Ermita de San Lorenzo. Son apenas unas piedras que resisten el paso del tiempo, pero que marcan un lugar de antigua devoción para la Villa.
Al alcanzar el collado de San Lorenzo, el espacio se abre y nos regala un lugar diseñado para la paciencia: el observatorio de aves. Desde este punto estratégico, podemos deleitarnos con el vuelo de las distintas especies que anidan en las aguas del embalse de Itoiz o imaginar el paso silencioso de las aves migratorias que, cada otoño, cruzan estos cielos en busca de tierras más cálidas.
Sin embargo, antes de iniciar el descenso definitivo, la vista se nos va inevitablemente a la elevación que se alza justo frente a nosotros. No nos resistimos y subimos a la Peña de Alduntza.
Peña de Alduntza, también conocida en el entorno como de San Lorenzo. Desde su cima, disfrutamos de una vista privilegiada y aérea de la Villa de Aoiz, que se muestra compacta y cercana bajo nuestros pies.
Pero la mirada no se detiene solo en el pueblo; desde aquí se domina con nitidez toda su cuenca, el corredor natural que se abre hacia el sur, hasta Lumbier. El horizonte se completa con la presencia de la Sierra de Gongolaz y, de nuevo, la silueta inconfundible de la Peña de Izaga, que parece vigilar todo el territorio desde la distancia. Es el lugar perfecto para situar mentalmente cada uno de los rincones que hemos recorrido hoy antes de emprender el descenso definitivo.
Para seguir el recorrido, iniciamos el descenso por la pista que, ahora que bajamos de la peña, queda a nuestra izquierda. Es una pista que nos permite perder altura con rapidez.
La pista nos conduce ahora bordeando el barranco de San Lorenzo o Angiluerreka. Desde aquí, a la izquierda como una mancha verde y llana en el fondo del barranco, ya alcanzamos a ver el campo de fútbol de la Villa.
Seguimos descendien hacia el monte de San Joaquín donde antaño también se alzaba una ermita. Sin embargo, antes de alcanzarlo, abandonamos la pista principal. Buscamos la senda que nace a nuestra derecha y que se interna decidida en el barranco. Este sendero nos lleva directamente hacia el Rincón de la Madre de la Fuente.
Ya en la parte baja del barranco, el sendero nos obliga a estar atentos a los cambios del terreno. Debemos tomar un desvío a la izquierda, bordeando primero un pequeño y acogedor conjunto de robles que rompe la monotonía del matorral. Tras ellos, el camino flanquea un campo que ahora luce una plantación de pistachos, un cultivo nuevo que se asienta en estas tierras.
Es en este entorno, justo por debajo de los robles, donde se encontraba la Madre de la Fuente, aquí nacía el agua que alimentaba la emblemática Fuente Grande. Aunque hoy ese manantial se ha perdido debido a la construcción del canal, pasar por aquí es recuperar un pedazo de la historia cotidiana de la Villa, un lugar que el progreso ha transformado pero que nos tenemos que resistir a olvidar.
Poco a poco, la senda se ensancha, transformándose en un camino más definido. Avanzamos a media ladera, pasando justo por encima de la potabilizadora de agua, que hoy garantiza el suministro a la Villa, sustituyendo la función que en 1801 cumplía la Madre de la Fuente.
Finalmente, nuestro sendero desemboca de nuevo en la pista que habíamos dejado anteriormente y que baja desde el monte de San Joaquín, la seguimos a la derecha.
El descenso termina de forma clara cuando el camino desemboca en la carretera que sube al campo de fútbol, situada en pleno barranco de Angiluerreka o San Lorenzo.
Cruzamos la carretera con precaución y nos dirigimos hacia la pasarela. Al cruzarla, dejamos atrás el silencio de las palomeras y el viento de la Peña de San Lorenzo para reencontrarnos con el latido cotidiano de la Villa.
Una vez cruzada la pasarela, nos reciben las primeras casas de la localidad.
Desde aquí, ya solo nos queda callejear tranquilamente, atravesando el casco urbano en un paseo relajado que nos permite enfriar las piernas tras el esfuerzo. Nuestros pasos nos llevan de vuelta al parque, el mismo punto donde comenzamos nuestra aventura.
Con el regreso al punto de partida, damos por finalizada esta completa circular por las mugas de Erdozain y las cimas de San Lorenzo y Ollarán.