Senderos de Aoiz -Peña Santa Bárbara
Recorrido: Aoiz - Antxurieta - Santa Bárbara - Tres Mugas - Borda Fermín - Txuringos - Auzola - Aoiz
Autor: Aquerreta Reta, Javier
09/10/2007
01/04/2026
Método de Información de Excursiones
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
Red de Senderos de Aoiz: Un viaje al pasado
La villa de Aoiz se asienta sobre una terraza natural a 500 metros de altitud, custodiada por la margen derecha del río Irati y a los pies de las sierras de Artxuba y Zarikieta (conocidas localmente como el alto de Itxabalea).
Estas sierras son, sin duda, las grandes olvidadas de la zona: un territorio salvaje y despoblado, salpicado de antiguas bordas, caseríos y pequeños pueblos que hoy guardan el eco de lo que fueron. Antiguamente, estos parajes estaban conectados por una red de sendas que el desuso fue borrando, dejando su rastro en manos del olvido.
Sin embargo, gracal esfuerzo de Angiluerreka Elkartea, se ha logrado recuperar y marcar gran parte de este legado. El objetivo es claro: invitar al senderista a conocer la cara más profunda de esta sierra a través de itinerarios que se alejan de los caminos trillados.
El punto de partida de estos recorridos es el Aparcamiento tras la iglesia de Aoiz (panel informativo) en un principio se diseño un recorrido largo circular con con enlaces intermedios para adaptar la ruta a cada nivel. Existen trípticos con mapas detallados disponibles en la localidad y en la web del Ayuntamiento de Aoiz.
En esta ocasión, nos adentramos en el gran clásico: la ascensión a la Sierra de Zarikieta. Coronaremos la Peña de Santa Bárbara y, para el regreso, propondremos una alternativa llena de carácter. Abandonaremos los caminos más transitados para descender por la vertiente opuesta del barranco, atravesando el paraje de los Txuringos o Txubingos, la opción perfecta para quienes buscan la esencia más pura de Itxabalea.
Esta ruta es solo una de las muchas de la zona, que cuenta con otras alternativas publicadas en la web como la ascensión a la Peña Zarikieta, el Despoblado de Rala, la Muga de Erdozain (Ollaran) o la Ermita de San Román.
Ruta paso a paso
Punto de partida: Aoiz / Agoitz
Nuestra ruta comienza en el corazón de la localidad. En el parking situado entre la Iglesia de San Miguel y el parque, encontraremos un cartel explicativo que detalla los diferentes senderos balizados que recorren nuestro entorno.
Actualización de la Red de Senderos (2006-2026)
Hacia el año 2006, el grupo de montaña Angiluerreka marcó una serie de senderos que fueron publicados originalmente en esta web. Veinte años después, en 2026, el Ayuntamiento ha procedido a la reseñalización y actualización de estas rutas.
Aunque los itinerarios son prácticamente los mismos, existen modificaciones importantes que el senderista debe tener en cuenta: se han realizado cambios tanto en algunos trazados como en los colores de las marcas de pintura.
En esta web actualizamos la información, pero manteniendo los recorridos originales que definieron la red. No obstante, indicaremos puntualmente los lugares donde el trazado ha variado para ofrecer todas las alternativas posibles.
En esta ocasión, nos ponemos en marcha para acometer la ascensión a la cima de Santa Bárbara, el punto culminante de nuestra jornada y una de las atalayas más emblemáticas de la Sierra de Zarikieta.
Comenzamos nuestro recorrido en el aparcamiento situado junto a la iglesia de Aoiz, justo frente a nosotros se alza el imponente Palacio de Argamasilla, una joya renacentista del siglo XV que nos recuerda el esplendor señorial de la Villa.
Desde este punto, dejamos atrás el casco urbano y comenzamos un suave descenso hacia las aguas del río Irati. Nuestro objetivo es alcanzar y cruzar el histórico Puente de Auzola o Bidelepu. Este puente medieval, que ha resistido riadas y el paso del tiempo, se convierte en el primer gran hito de nuestra jornada y en el nexo de unión entre el pueblo y las laderas de la Sierra.
Cruzamos el puente medieval de cuatro ojos sobre las aguas del Irati, disfrutando de la estampa que ofrece el río a su paso por Aoiz. Una vez en la orilla opuesta, seguimos la pista cementada que se desvía hacia la izquierda.
A los pocos metros, tras superar una curva pronunciada del camino, alcanzamos una bifurcación clave. En este punto, tomamos el desvío de la derecha, despidiéndonos de la pista principal.
Es aquí donde dejamos atrás definitivamente el llano y los alrededores del río para comenzar, propiamente dicha, la ascensión.
En este punto, es importante prestar atención a la señalización. El recorrido actual a Santa Bárbara, marcado con pintura verde (actualización de 2026), continúa por la pista de la izquierda para acometer más adelante una subida directa por un barranco hasta Antxurieta.
Sin embargo, en esta ocasión, dejamos de lado la ruta señalizada y optamos por el ascenso por la derecha. Aunque nos desviamos del marcaje oficial momentáneamente, esta variante es mucho más llevadera y progresiva, permitiéndonos ganar altura de una forma más cómoda y disfrutando de mejores perspectivas antes de conectar de nuevo con el recorrido señalizado mas arriba.
A medida que el terreno cambia, nos adentramos de lleno en las faldas de la Sierra. El ascenso se vuelve decidido y empezamos a ganar altura rápidamente sobre la Villa, que va quedando cada vez más pequeña a nuestras espaldas.
En este punto, empezamos a ver las señales que marcan una vía histórica: se trata de la Cañada Real Milagro-Aezkoa. Este antiguo camino ganadero será nuestro guía durante gran parte de la ascensión. Avanzar por ella nos permite disfrutar de un trazado ancho y bien definido, diseñado hace siglos para el paso del ganado.
Tras superar un fuerte repecho inicial, donde la pendiente nos obliga a marcar un ritmo constante, la pista se vuelve más amable. El trazado continúa alternando tramos de cemento, que facilitan el agarre en las zonas más inclinadas, con necesarios descansos y zonas más llanas que nos permiten recuperar el aliento.
Es precisamente durante esta subida cuando ganamos la altitud necesaria para que el horizonte se abra. Ante nosotros aparece una vista de la presa del embalse de Itoiz; su imponente silueta de hormigón domina por completo el paisaje de este sector, recordándonos la magnitud de la ingeniería frente a la fuerza del río Irati que acabamos de cruzar.
Al alcanzar esta zona alta, nos encontramos con un importante cruce de caminos. Hacia la derecha, se desvía el itinerario que se dirige hacia Axarimendia, también conocido popularmente como "La Cañonera" o "Las Antenas". Este recorrido está claramente identificado con marcas azules, correspondientes a la señalización actual. Nosotros continuaremos de frente. Seguimos manteniendo nuestra dirección por la vía principal.
En pocos metros alcanzamos un nuevo cruce en el paraje conocido como “El Purgatorio”. Este nombre evoca el esfuerzo de la subida.
En este punto, el camino de la derecha desciende directamente hacia el caserío de Auzola, que será nuestra vía de regreso más tarde tras completar la circular. Sin embargo, para cumplir nuestro objetivo de hoy, nosotros nos mantenemos a la izquierda. Ignoramos el descenso y seguimos ganando metros, decididos a continuar con la ascensión hacia las partes más altas de Itxabalea.
En este punto del recorrido, volvemos a encontrarnos con la ruta marcada en verde (la señalización oficial de 2026), que asoma por una senda a nuestra izquierda tras haber remontado el barranco de la Central. Continuamos por el ancho camino de frente. Este trazado nos permite avanzar con paso firme y cómodo, manteniendo la dirección principal.
Al llegar a Antxurieta, es momento de abandonar la pista principal. A nuestra derecha nace la denominada "pista vieja", aunque el paso del tiempo y la fuerza de la naturaleza la han ido borrando hasta convertirla en una auténtica senda.
Nos desviamos a la derecha, pasando bajo una alambrada para continuar por un sendero bien definido. A partir de aquí, merece la pena caminar con la vista puesta en el suelo: las piedras que pisamos están repletas de fósiles marinos. Encontrar algunos realmente espectaculares es solo cuestión de suerte, un recordatorio fascinante del pasado sumergido de estas montañas.
Tras superar la primera rampa, el terreno nos vuelve a presentar una disyuntiva. El sendero señalizado actualmente se desvía hacia la izquierda, tomando la conocida como "senda del medio". Se trata de una variante más directa que recorta distancia, pero a cambio de una pendiente mucho más exigente y dura para las piernas. Fieles a nuestra propuesta de un ascenso más progresivo, optamos por seguir el trazado anterior y continuar por la pista vieja. Aunque da un rodeo ligeramente mayor, este camino nos permite ganar altura de forma más equilibrada, disfrutando de un caminar más cómodo.
Tras el esfuerzo mantenido por la pista vieja pedregosa en alguno de sus tramos, alcanzamos la pista nueva actual, un vial mucho más amplio y cuidado.
Al llegar a este punto de encuentro, salimos a la vía más ancha y giramos hacia la derecha. A partir de aquí, el caminar se vuelve más descansado gracias al buen firme de esta pista forestal.
Al alcanzar una amplia curva a la izquierda, nos encontramos con un desvío lleno de historia: a nuestra derecha nace la Senda de los Carboneros. Este sendero se interna bajo la espesura hacia la zona de las Tres Mugas, siguiendo los antiguos pasos de quienes trabajaban el carbón vegetal en estas laderas.
Es, sin duda, un sendero precioso y sombrío, pero para no desviarnos de nuestro objetivo de hoy, nos mantendremos en la pista principal. Dejamos atrás esta invitación del bosque y continuamos por el vial ancho, reservando la variante de los carboneros para otras rutas.
Poco después de superar la gran curva, justo en mitad de un tramo recto, llega el momento de abandonar de nuevo la pista principal. Nos desviamos hacia la derecha para retomar el trazado de la pista vieja.
Aunque los mapas antiguos figure como pista, aquí se nos presenta con todo el carácter de un sendero: más estrecho, flanqueado por la vegetación y con ese firme irregular que nos conecta mucho mejor con el entorno. Este tramo, nos aleja del vial moderno para devolvernos a la calma de las sendas de antaño.
A medida que avanzamos por este tramo de la pista vieja, el bosque se retira para ofrecernos una de las estampas más espectaculares de toda la ruta. Ante nosotros se despliega, en toda su magnitud, la Cuenca de Aoiz - Lumbier, dominando el horizonte, al fondo, emerge la silueta inconfundible y majestuosa de la Peña de Izaga, que con sus 1.360 metros se alza como el centinela absoluto de este sector.
Una vez más, nuestro sendero desemboca en la pista principal, al alcanzarla, retomamos la marcha girando hacia la derecha.
A los pocos metros de avanzar por la pista, nos encontramos con una balsa. Este es el punto clave para ir en busca de la Peña Santa Bárbara. Para ello, nos desviamos a la izquierda y cruzamos la alambrada por el paso habilitado.
Una vez al otro lado, debemos dirigirnos hacia el borde del pinar que queda a nuestra derecha. Siguiendo el límite del bosque por una senda limpia, el camino nos irá elevando poco a poco hacia la derecha hasta alcanzar el espectacular cortado de la peña.
Poco antes de alcanzar el espectacular cortado de la peña, la senda se bifurca, si tomáramos el camino de la derecha, nos dirigiríamos hacia Peña Txikita, donde todavía se alza la antigua caseta de vigilancia contra incendios.
Sin embargo, nuestro objetivo está al otro lado. Seguimos la senda hacia la izquierda, un tramo que nos conduce directamente hacia la cima de la Peña de Santa Bárbara.
Cima de Santa Bárbara
A nuestros pies se abre el Barranco de Rala. En lo más alto nos recibe el buzón cimero, colocado por la sección de montaña de Angiluerreka, junto a una placa en recuerdo a Txepi, miembro de este grupo.
Si el día nos regala cielos despejados, las vistas justifican por sí solas todo el esfuerzo: el azul intenso de las aguas de Itoiz, las escarpadas peñas que abrazan Rala, la silueta del Pirineo en el horizonte e incluso, a lo lejos, la ciudad de Pamplona.
Para continuar con nuestra ruta, regresamos sobre nuestros pasos hasta la bifurcación anterior.
Al asomarnos desde el vértice de la Peña de Santa Bárbara, el horizonte septentrional se despliega con una fuerza sobrecogedora. A nuestros pies, el embalse de Itoiz aparece como una inmensa mancha azul encajonada entre las montañas, donde se adivina el antiguo cauce del Irati abriéndose paso hacia el valle.
Más allá del agua, la mirada se pierde en las cumbres del Pirineo navarro. En los días claros, las siluetas de la Sierra de Abodi, el Ori y los grandes gigantes pirenaicos cierran el paisaje con sus cumbres a menudo nevadas. Es un contraste fascinante: la suavidad de la cuenca de Aoiz a nuestras espaldas y la bravura de la alta montaña justo frente a nosotros.
Asomados al cortado, la vista se detiene en la inmensa lámina de agua del embalse de Itoiz, que se extiende como un espejo bajo el cielo navarro. A la derecha de este escenario acuático, se alza imponente la Peña de Rala, con sus laderas escarpadas que caen directamente hacia el vaso del pantano.
Desde la posición privilegiada de la Peña de Santa Bárbara, en los días despejados, al oeste podemos ver la Cuenca de Pamplona. Al fondo, se adivina el perfil de la capital navarra, protegida por la silueta del Monte San Cristóbal (Ezkaba) y, más a la derecha, la Sierra del Perdón.
Tras disfrutar de las vistas en la cima, emprendemos el regreso sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo el cruce por el que hemos subido. Sin embargo, en lugar de iniciar el descenso, tomamos la dirección hacia Peña Txikita.
Para alcanzarla, simplemente seguimos el cordal de la sierra. La senda avanza casi siempre pegada al borde del cortado, regalándonos una caminata "aérea" y espectacular. A cada paso, el abismo a nuestra izquierda nos recuerda la altitud ganada.
Al alcanzar este punto, la senda da un giro decidido hacia la izquierda y se adentra de lleno en el pinar. El paisaje cambia: desaparecen los cortados y la roca caliza para dar paso a un pasillo de pinos que nos envuelve y nos protege del viento.
Caseta de Vigilancia y Peña Txikita
Sin alejarnos demasiado del borde del cortado, alcanzamos la antigua caseta de incendios, situada estratégicamente en el alto de Peña Txikita.
Si las vistas desde Santa Bárbara eran espectaculares, desde este punto se completan con una panorámica excepcional del Pirineo hacia el Este, que se despliega ante nosotros en toda su magnitud.
Justo a la derecha de la caseta de vigilancia, encontramos la cima de Peña Txikita, un vértice humilde pero con unas vistas privilegiadas que nada tienen que envidiar a las de su hermana mayor, Santa Bárbara.
A falta de un buzón montañero tradicional, la cumbre aparece señalizada únicamente con un hito de piedras (o mugarri).
Tras disfrutar del inmenso paisaje, comenzamos a dejar atrás las alturas de la Sierra. Tomamos la pista de servicio que da acceso a la caseta de vigilancia y descendemos por ella, perdiendo metros de forma decidida hasta conectar de nuevo con la pista principal, giramos hacia la izquierda para continuar con nuestro itinerario.
Llegamos al paso canadiense situado en el término de Tres Mugas, el punto exacto donde confluyen los términos de Rala, Zarikieta y Aoiz. Durante generaciones, se conocieron aquí unas piedras de gran tamaño que daban nombre al lugar, pero en 2012 saltó la sorpresa: no eran simples rocas, sino un monumento megalítico, La Necropolis de Induriaga.
El secreto de las Tres Mugas
Antes de cruzar el paso canadiense, si seguimos hacia la derecha, nos topamos con la piedra que delimita los términos de Rala, Zarikieta y Aoiz. Durante mucho tiempo, se pensó que no era más que una simple piedra de muga, tal y como se describía en la primera publicación de esta ruta. Sin embargo, el lugar guardaba un secreto mucho más antiguo. En el año 2012, se descubrió que estábamos ante algo mucho más trascendente: un monumento megalítico, La Necropolis de Induriaga. Lo que parecía una simple división territorial resultó ser un espacio sagrado prehistórico.
Este yacimiento está compuesto por varios círculos de piedras (o cromlechs), de los cuales se han identificado al menos cinco en diferentes estados de conservación. Estos círculos marcaban el lugar de enterramiento y descanso de los antiguos pobladores de estas tierras.
El sitio destaca por la presencia de varios menhires o monolitos, algunos de los cuales ocupan todavía el centro de los círculos, subrayando el carácter ceremonial del lugar.
La ubicación de esta necrópolis no es casual. Se encuentra a tan solo un kilómetro del Castro de los Jeronales, un poblado fortificado de la Edad del Hierro que, según los expertos, pudo ser coetáneo a este cementerio.
Con el paso del tiempo, estas piezas verticales fueron integradas en el paisaje administrativo, siendo utilizadas como mugas (mojones de piedra) para marcar las divisiones de los términos municipales.
Pero la huella del tiempo no se detiene ahí. Sobre la superficie de estos menhires prehistóricos se pueden observar cruces grabadas, un claro ejemplo de la cristianización de lugares sagrados antiguos. Al marcar con una cruz estas piedras "paganas", se buscaba sacralizar el lugar bajo la nueva fe, fusionando en una sola pieza la prehistoria, la Edad Media y la organización territorial moderna.
Lo que hace verdaderamente especial a la Necrópolis de Induriaga es su singularidad dentro del mapa megalítico de Navarra. Su característica principal, y a la vez su mayor rareza, es su ubicación tan meridional. Mientras que los crómlechs suelen abundar en las cumbres de la zona norte y pirenaica, encontrar un conjunto de esta importancia tan al sur es un hecho excepcional.
Además, destaca la presencia de monolitos centrales dentro de los círculos de piedras. Esta disposición geométrica, con un menhir actuando como eje del monumento, refuerza el valor simbólico y ritual del lugar, convirtiéndolo en un punto de referencia espiritual para las comunidades de la Edad del Hierro que habitaban el cercano castro.
Tras contemplar estos fascinantes vestigios del pasado, llega el momento de abandonar de nuevo la pista. Cruzamos el paso canadiense, esa barrera metálica que impide el paso del ganado, y tomamos a nuestra derecha la senda que nos conducirá hacia la borda de Fermín.
Elndero se va alejando poco a poco de la alambrada, tendiendo suavemente hacia la izquierda. Caminamos ahora ladeando la montaña, con la mirada puesta en la zona de los Txuringos.
Poco a poco, la senda nos va llevando cuesta abajo, descendemos hasta el collado.
Al asomarnos a nuestra derecha, la vista se precipita hacia el Barranco de las Tres Fuentes. Es fascinante observar el contraste térmico y vegetal que define este lugar: el Carasol, la ladera expuesta al sol, más seca y luminosa, frente al Paco, la vertiente de umbría, más húmeda, fresca y sombría. Y al fondo del barranco, Auzola.
Entre el espesor de los bojes, asoman los restos de la antigua borda de Fermín, testigo silencioso del pasado pastoril de estas tierras. A nuestra derecha se abre el barranco de las Tres Fuentes, mientras que a la izquierda queda el de Zarikieta.
Aunque el barranco de las Tres Fuentes invita a ser explorado por su bonita senda que sale a nuestra derecha, hoy lo dejaremos para otra ocasión. Para continuar nuestra ruta, seguimos de frente: nos espera una senda con un fuerte repecho que nos hará ganar el pequeño alto de los Txuringos que tenemos justo delante.
Justo cuando pensábamos que todo era descenso, la ruta nos presenta el fuerte repecho de los Txuringos (también conocido como Txubingos). Es una subida corta pero exigente, donde el sendero se empina sobre un terreno.
Al coronar este pequeño alto, el más oriental de los Txuringos, el esfuerzo se ve recompensado y la perspectiva vuelve a cambiar. En este punto, debemos girar hacia la derecha, buscando la senda que avanza justo por el borde del pinar.
La senda continúa avanzando por el cordal hasta alcanzar el Barranco de la Viña. En este punto, cruzamos la alambrada y enlazamos con la conocida como pista de los Txuringos, la cual seguiremos a partir de ahora.
El camino ladea dos pequeñas elevaciones, los propios Txuringos, manteniendo una cota cómoda antes de cambiar de vertiente y comenzar el descenso definitivo hacia el caserío de Auzola.
A medida que perdemos altura, en frente a nosotros, vemos el Caserío de Auzola.
Desde este punto, también divisamos con claridad la pista de regreso, ese camino ancho que nos servirá para desandar los últimos kilómetros con comodidad.
Poco antes de alcanzar el fondo del barranco, la pista principal realiza un giro muy marcado hacia la izquierda. Es el momento de estar atentos: en ese punto exacto, debemos abandonarla y tomar una senda a nuestra derecha.
Este estrecho camino, nos conduce directamente hasta la regata de las Tres Fuentes. Nos encontramos ya en la parte más baja del barranco, bajo la atenta mirada del caserío de Auzola, que se alza justo encima de nosotros.
Justo antes de alcanzar la regata, podemos contemplar el Caserío de Auzola, y divisamos claramente la senda que, partiendo desde el fondo del barranco, serpentea ladera arriba para conducirnos directamente hasta las puertas del caserío. Es una perspectiva perfecta para calcular el último repecho.
Nada más cruzar el agua, nos dirigimos hacia la derecha hasta alcanzar un amplio claro. Es un espacio abierto y luminoso, rodeado de vegetación, donde el murmullo de la regata todavía nos acompaña.
En el amplio claro nos topamos con los paneles informativos de los senderos, el punto donde las rutas se bifurcan. A nuestra derecha, vemos cómo el sendero rojo se interna de nuevo en la espesura para ascender por el barranco de las Tres Fuentes hacia la borda de Fermín; un itinerario que guardaremos para otra ocasión.
Para cerrar nuestra circular, nosotros continuamos hacia la izquierda, siguiendo las marcas del sendero amarillo. Este camino es el que nos sacará del fondo del barranco para subir directamente hacia el Caserío de Auzola.
Salimos finalmente a la altura del Caserío de Auzola, desde aquí, retomamos la pista, hacia la derecha, que comienza a ganar altura de forma suave y progresiva.
El camino asciende sin pérdida hasta alcanzar de nuevo El Purgatorio.
Tras completar el descenso desde El Purgatorio, volvemos a cruzar las aguas del río Irati por el emblemático puente de Bidelepu.
Desde el puente, iniciamos el último esfuerzo del día: una pequeña subida que nos dirige hacia la zona del parque. Entramos en las calles de Aoiz con la satisfacción de haber completado una ruta circular que combina a la perfección la exigencia física, la belleza natural y el peso de la historia prehistórica de nuestra tierra.